Beto Shiroma: Un artista brillando en Okinawa

Beto ShiromaBeto Shiroma estuvo en Lima por unos días para presentarse -junto con su grupo Diamantes- en los actos de conmemoración del Centenario de la Inmigración Okinawense al Perú. Llegado precisamente de Okinawa, donde reside hace casi 20 años, el recordado artista nikkei nos habla de sus experiencias y de su agradecimiento por la tierra que lo acogió.

¿Cuánto tiempo llevas en Japón?
Cumplo 20 años en el 2006, yo llegué a los 20 años, así que he pasado la mitad de mi vida allá.

¿Te sientes ya un japonés?
No sé en realidad, vivo como uno de ellos. No sé si la manera de pensar o de sentir sea diferente, no sé hasta qué punto esté tan acostumbrado, pero uno debe adaptarse al ritmo de vida, sino es un poco difícil.

Tú llegaste no de frente a cantar...
Yo fui antes que comience el fenómeno dekasegi.

Ganaste un concurso de canciones a nivel panamericano.
Sí, yo creo que en esa época éramos muy pocos lo peruanos que estábamos en Okinawa, porque yo fui primero a Tokio para ser cantante. En esa época a nadie se le ocurrió, nadie se imaginó viajar al Japón para ser dekasegi. Por eso con mayor razón me sentía muy solo. No tenía quizás tampoco esa premura de salir, era simplemente una aventura. De hecho la situación no estaba tan bien.

Ya se veía venir todo este fenómeno

Si, pero nadie se imaginó salir, nadie. Pero hasta mi papá tuvo que salir.

¿Crees que esa diferencia en que salieras antes y hayas tenido otras perspectivas te haya llevado por otro camino?
Sí, porque si yo salía durante el fenómeno dekasegi quizás eso de cantar ya no estaba dentro de mis planes, hubiera sido trabajar y tratar de mantener a mis hermanos que estaban estudiando acá. Ahora, pienso que debí hacerlo yo, pero lo hizo mi papá, eso es lo que yo le agradezco, que no me haya sentido obligado a hacerlo. Se lo agradezco mucho.

Fue una manera de creer en ti...
En parte, o quizás no presionarme ni tampoco no preocuparme. Siempre asumió la responsabilidad como padre hasta que todos tuvimos la mayoría de edad. De hecho es loable el que muchos chicos, aunque no hayan terminado la universidad o algún estudio, se hayan sacrificado por sus hermanos menores. Mi padre tuvo también la suerte de conseguir un buen trabajo en la isla de Okinawa, aunque su título como médico no sea valedero allá en Japón.

¿Qué te hizo decidirte por quedarte en Okinawa?
Es porque así como me da la oportunidad para mí y mi familia, de desarrollarme como artista, también me dio la oportunidad de formarme de alguna manera como adulto. Porque yo prácticamente me hice adulto allí. Aunque ya tenía veinte, no sabía prácticamente nada de lo que era la vida.

Okinawa me enseña muchas cosas, muchas pautas para vivir, mucha filosofía, y me da una familia: estoy casado, tengo dos hijas. Siempre he querido dar algo más, es algo que se tiene que hacer y es por eso que siempre he sido un poco terco al quedarme ahí y hacer música.

El hacer una familia también influyó...
Mi esposa es de Okinawa, de padre americano. Hay una mixtura allí de razas, nacionalidades, culturas y creo que es lo bonito de Okinawa de ofrecer lo que uno tiene, siempre y cuando sea bonito, bueno, entretenido; y ellos lo aceptan y es algo fabuloso. El orgullo de tener sus cosas propias es importante, pero también es importante saber apreciar lo bueno que tienen otros y eso es lo que quizás falta en esta época.

Esa cosa que tiene Okinawa, esa filosofía para la vida, para tener esa amistad entre otros pueblos, creo que justamente la estamos viviendo en estas celebraciones por el centenario de la inmigración okinawense.

¿Y cómo se da esa oportunidad de que vuelvas a lo tuyo que era la música?
Comencé a estudiar lo que era la música tradicional: sanshin, taiko. Yo en el Perú cantaba música enka pero en Okinawa la gente me pedía que cante en español, temas de Los Panchos, canciones que ni me imaginaba que iba a cantar y eso es lo que me hace, para ellos, un cantante de música latina.

Pero yo no me considero un cantante de música latinoamericana porque yo en el Perú nunca hice eso, no quería ser más latino de lo que yo no era, sería una falsedad, yo era lo que era nada más, pero podía cantar en español. Además, tengo la fortuna de practicar este instrumento que es la guitarra y entonces podía acompañarme solo.

La guitarra me ayudo a acompañarme cantando música latinoamericana e internacional y es así que comencé a trabajar como profesional y a ganarme la vida cantando. Y poco a poco me encontré con los miembros de "Diamantes" y tocaba de todo hasta que en el '91 comencé a hacer temas como: "Gambatteando", "Okinawa mi amor", o sea canciones ya originales.

Ya empezabas a tener un estilo
Claro, poco a poco. Porque tenía muchas influencias de Santana, de Miami Sound Machine, de Gipsy Kings, porque era lo que la gente nos pedía, pero en base a eso hacemos nuestros temas originales y es lo que ahora es Diamantes.

Gambatteando ha sido un éxito
No sé hasta que punto es un éxito, pero es lo que nos hizo conocidos. Hacernos conocidos en un país tan difícil donde todos los días sale alguien nuevo, música nueva, en español y en una islita con un tema original es, más que musicalmente, un fenómeno social, porque ya había una gran cantidad de latinos, de dekasegi que nos da la oportunidad de salir al estrellato.

Por lo que nos cuentas, tu vida está hecha allá, ¿piensas quedarte en Okinawa?
Tengo que quedarme todavía. Si tengo que viajar, o salir a algún sitio para seguir trabajando en música no lo voy a pensar dos veces. Si es que va a ser para mejor, iré donde sea, siempre y cuando la música esté avanzando.

Un agradecimiento especial

"Ahora que estamos en el Centenario, es interesante recordar esto: mi padre llegó como dekasegi al segundo año en que yo ya estaba en Japón, en el '89. La situación ya estaba de mal en peor con los paquetazos, y a muchos se les presenta la ocasión de salir del país y los nikkeis tienen la oportunidad de ir a Japón.

Mi padre y mi tío son de los primeros que se animan a salir. Mi padre tiene que dejar su consultorio, y con lo valiente, lo 'picón' y lo orgulloso que es dijo: 'yo tengo que trabajar en algo y no me importa, yo lo voy a hacer' y salió así.

Estuvo siete meses en la isla grande y llegó a Okinawa a ver si había algo. Y gracias a una entrevista que le hace un periodista del Ryukyu Shimpo que había venido al Perú a hacer un reportaje sobre los dekasegi, un médico cuyo padre o madre había sido inmigrante busca a mi papá para que trabaje con él.

Yo quisiera recalcar el reconocimiento de este médico y de su hospital hacia el Perú. Le dio trabajo a mi papá sabiendo que su título no vale como médico, pero le da una paga que le permite llevar a toda la familia a Okinawa y trabajar durante siete años en este hospital. Al comienzo no se le daba ese valor a su título, pero después los de la JICA vienen a buscarlo y lo mandan a Bolivia como experto tres años.

En este sentido, de alguna manera Okinawa está bien ligado a nosotros, a pesar de que muchas generaciones no tenemos ya ese vínculo por el idioma o no conocíamos bien la historia de la guerra Pero estando allá, puede conocer a personas que se acuerdan y que agradecen el apoyo de los inmigrantes.

(Fuente: Boletín Kaikan N.º 9, febrero 2006. Entrevista de Harumi Nako)


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