César Ychikawa, ídolo de una generación

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En términos musicales,  la Nueva Ola Peruana significó la llegada de una nueva tendencia; la  aparición de un buen número de cantantes y conjuntos nacionales que rápidamente se ganaron el aprecio del público y se convirtieron en ídolos, especialmente de los jóvenes.

En medio de este contexto aparecen Los Doltons, el grupo que con el correr de los años se convertiría en el más importante de la década de los 60, y cuya grandeza se expresa a través de sus canciones que aún se escuchan en las radios locales a pesar del tiempo transcurrido.

Y cuando se habla del conjunto es inevitable mencionar a César Ychikawa, el vocalista, porque a partir de la presencia de este cantante nissei, el grupo comenzó su carrera ascendente hasta conseguir el ansiado renombre.

César nació en 1946 y es el último de los hijos de Yoshimura y Toshiko Ychikawa, inmigrantes procedentes de Yamanashi. Debido a la precaria salud de su esposa, Yoshimura Ychikawa decidió salir de Lima y encontró en Huancayo el lugar ideal para establecerse. Mientras tanto, el pequeño César permaneció en Lima y quedó al cuidado de su tía Maki.

La infancia en Huancayo

A los cuatro años César viaja a Huancayo, ciudad en donde pasaría su niñez y parte de su adolescencia. Allí, encontró una presencia importante de japoneses y una prueba de ello era la formación de clubes de jóvenes. Sin embargo, por razones de edad, él no formaba parte de estos grupos.

El clima de la sierra con sus tardes de lluvia y el frío reinante mostraban un escenario triste en su vida. Refugiado en la casa de la calle Piura, sus actividades se limitaban al juego familiar, a leer los comics de la época y alguna salida al cine. Este tipo de vida estimulaba en César la llegada del verano porque en esas temporadas regresaba a Lima para visitar a sus familiares e ir a la playa

Pero el arte de la música ya empezaba a correr por sus venas. Con sus hermanos en Huancayo solían organizar veladas artísticas para sus padres, además César había aprendido a tocar el acordeón, la armónica, el rondín y además cantaba en el colegio. Todo lo aprendió por cuenta propia, y él mismo afirma: "creo que uno nace con eso, porque desde chico sentí  una especie de atracción".

En su casa casi  no se escuchaba música en japonés sino preferentemente aquellas canciones que un allegado a la familia llevaba al hogar de los Ychikawa. Pero éstas no eran contemporáneas a la edad de César y por ello  creció escuchando los boleros de Los Panchos, algunos tangos, temas de Glen Miller y todas aquellas canciones que escuchaba a través de Radio Huancayo en las tardes mientras hacía sus tareas del colegio.

Para culminar su secundaria, retornó a Lima y fue matriculado en el colegio San Andrés. Allí no tuvo tiempo para establecer grandes amistades debido a que los grupos de amigos ya estaban formados desde hace varios años. Ser callado y tranquilo  hizo que buscara amistad en dos o tres amigos solamente, por lo que años más tarde cuando se hizo conocido con Los Doltons, algunos compañeros de aula no podían creer que aquel "chinito" que deleitaba con su melodiosa voz fuera el mismo que habían conocido años atrás.

La universidad y el inicio de su historia musical

Ingresó a la Facultad de Economía de San Marcos en 1964 y a partir de ese momento comienza su historia musical. En lo personal experimentó algunos cambios. Poseía una mayor madurez emocional y se encontraba más adaptado al ambiente limeño. Por eso no fue extraño que formara parte del coro de la universidad, y como miembro de éste, viajó a un festival en Chile en donde recogió bonitas experiencias por el ambiente de camaradería que le tocó compartir. En la clausura del festival, César recuerda que cantó canciones de rock de manera espontánea.

Tuvo como compañero de clase en la universidad a Javier Román, quien lo invitó a asistir a los ensayos con algunos amigos que vivían en Breña y se hacían llamar Los Doltons. Estos eran Roberto Andía, Gerardo Manuel Rojas,  Fernando y Walter Bolarte. César aceptó y quedó fascinado desde el primer momento. Esto hizo que sus visitas continuaran y se extendieran hasta acompañarlos en algunas presentaciones. Además, al lado de Los Doltons, entre broma y broma, se animaba a cantar algunos temas, especialmente los de Palito Ortega.

El alejamiento de Gerardo Manuel Rojas, en ese entonces vocalista del conjunto, le abrió  la posibilidad de convertirse en el nuevo cantante. Pero esta nueva faceta no le gustó al papá de César y menos aún cuando él y los demás integrantes le pidieron un préstamo para comprar unos amplificadores y guitarras. El préstamo se hizo efectivo, pero previo a ello tuvieron que escuchar un interminable sermón.

Se presentaron ante empresas musicales para grabar un disco y después de muchos intentos fallidos, Los Doltons fueron aceptados para una audición en Sono Radio, días después recibieron la respuesta afirmativa. El primer disco grabado fue un sencillo con los temas "Visión de Otoño" y "Rey Tablista".

El éxito llegó rápidamente

El éxito alcanzado con este disco se constituyó en el primer peldaño de una carrera promisoria e inmediatamente hizo que sus vidas cambiaran. Comenzaron a ser reconocidos y en el escenario se hizo una costumbre escuchar los gritos de la gente proferidos por sus admiradoras.

Las visitas a los programas radiales de Brani Zavala en Radio Atalaya y Enrique Llamosas en Radio Miraflores se multiplicaron, la gente que los escuchaba quería conocerlos y recogiendo el clamor popular, el conjunto comenzó a presentarse en los programas "Cancionísima" con la conducción del recordado Pablo de Madalengoita y la "Revista de los Sábados".

En aquella época ante el escaso número de medios de comunicación, la teleaudiencia se centraba en aquellos programas, por lo que la popularidad del conjunto subió como la espuma,  al punto que Panamericana Televisión los contrató como artistas exclusivos por dos años. También son recordadas las matinales de los domingos organizadas por los colegios con presentaciones en los cines Excelsior, Tauro, entre otros. Y tampoco pueden dejarse de mencionar las veces que cantaron en el "Majestic" para los miembros de la colonia peruano japonesa.

Grabaron cinco discos de larga duración lo que representó un amplio repertorio y la mayoría de ellos se convirtieron en grandes éxitos. Temas como "Gloria", "Tema: El Amor", "De Repente Tú Me Amas", "Mi Día Vendrá", y por supuesto, el más conocido de todos "El Último Beso", son las canciones más representativas de este conjunto que rápidamente impactó en el público convirtiéndolos en sus favoritos.

Pero no sólo cantaron en español. Uno de sus temas, "Estrella en la Noche", fue una adaptación de la canción japonesa "Umi Sono Ai" del popular cantante Yuzo Kayama. Cuando la escucharon, Los Doltons decidieron presentarla a Enrique Lynch quien dio el visto bueno para su grabación. El producto final fue un tema, mitad en japonés y la otra en castellano.

Si bien es cierto que el grupo estuvo formado por cinco personas, la figura de César Ychikawa resaltó sobre los demás. Él aporte entregado se basó en su personalidad como vocalista. Al respecto, Walter Bolarte integrante de Los Doltons señala: "Su tono y entonación eran perfectos, aunada a la personalidad que infundía en cada tema. Él no interpretaba los temas en forma mecánica; siempre en cada ocasión, me percataba que lo hacía cada vez mejor, es decir que para él,  interpretar un tema era focalizarlo como si fuera la primera vez".

El fin de una etapa y el inicio de otra

César, al igual que algunos miembros del grupo, sabían que  la música era un hobby y una actividad paralela a los estudios universitarios. Por eso, estaba cantado de antemano que al  dejar la universidad llegaba el momento de decirle adiós al conjunto. Además, la actividad desplegada en esos años fue muy intensa y terminó minando las ganas de continuar.

En una de sus últimas presentaciones en el cine Roma, el propio César admite que mientras cantaba ya no le encontraba sentido a lo que hacía, preguntándose:¿Qué hago aquí?.Por eso, a pesar que el termómetro de la popularidad señalaba que la fiebre por el grupo continuaba, este no fue suficiente para evitar el final anunciado.

Ychikawa tenía planeado viajar al extranjero para practicar comercio internacional y así lo hizo. En 1969 viajó a Estados Unidos en donde permaneció ocho meses. Posteriormente viajó a Japón, lugar en donde sintió el impacto de conocer un país tan diferente al Perú. Volvió a finales de 1972 con la idea de cerrar para siempre el capítulo del canto.

Sin embargo, años más tarde le propusieron la idea de grabar un disco del retorno con Los Doltons. Pero en ese momento no se encontraba Enrique Lynch y la compañía Sono Radio no le puso interés al proyecto. A pesar de ello, el disco se grabó pero los resultados no fueron nada satisfactorios.

A partir de allí en  adelante César transitó por caminos diferentes a la música, pero como todo artista no le pudo dar el adiós definitivo. Así, en una oportunidad Yoshi Hirose lo animó a participar en el homenaje a John Lennon, lo cual aceptó y al momento de aparecer ante el público tuvo un cálido recibimiento.

Esta presentación fue una especie de antesala a su reencuentro con Los Doltons en 1999 en un concierto realizado en el Teatro Peruano Japonés. El  proyecto le encantó porque le pareció bastante serio y todo caminó de acuerdo a lo planificado.

Demás está decir que este reencuentro significó un éxito rotundo al punto que en un inicio se pensó  realizar dos presentaciones, pero las ganas del público por ver a sus ídolos obligaron a los organizadores a programar actuaciones adicionales.

Han pasado más de cuarenta años desde que unos jóvenes decidieron incursionar en el mundo de la música y alcanzaron el éxito. En el caso de César Ychikawa, su paso por Los Doltons significó un cúmulo de experiencias enriquecedoras, siendo las más gratificantes el cariño que hasta hoy le profesan sus admiradores, personas que encontraron en el grupo el modo de expresar sus sentimientos. Y a pesar de los años transcurridos, el aprecio, la emoción por ver a un ídolo de su juventud se mantiene porque cantarle al amor no pasa de moda y además como el propio César Ychikawa define:" El alma no tiene edad".

Fuente: Prensa Nikkei (Entrevista de Augusto Kobashigawa Y.)