Primeros contactos entre el Perú y el Japón
El establecimiento de relaciones entre Perú y Japón se inició por hechos relacionados al tráfico de culíes chinos, que pusieron de manifiesto la ausencia de relaciones diplomáticas entre ambos países.
En 1868, se dio el primero de estos hechos con la embarcación Cayaltí, que llevaba 49 culíes chinos para trabajar en las haciendas azucareras de la costa peruana. Cerca de Pacasmayo, los culíes se amotinaron y como resultado de este enfrentamiento murieron 7 de ellos y casi toda la tripulación, excepto el capitán de la embarcación, Manuel de Nicolini, y el cocinero chino.
Los culíes tomaron el mando del barco y emprendieron el viaje de regreso a China, durante el retorno desembarcaron en el puerto de Hakodate, en Hokkaido. Las investigaciones para definir las responsabilidades duraron varios años y fue finalmente resuelta por las autoridades japonesas.
El segundo de los incidentes, se dio en julio de 1872 con la embarcación peruana "María Luz", al mando del capitán Ricardo Herrera, que procedente de Macao transportaba a 225 culíes teniendo como destino la costa peruana.
Durante el viaje, debido al mal tiempo, la nave "María Luz" se vio obligada a anclar en el puerto de Yokohama. Al amparo de la noche uno de los culíes escapa a nado y logra llegar hasta la embarcación inglesa "Iron Duke", donde fue socorrido y posteriormente entregado a las autoridades japonesas, por orden del encargado de negocios de Gran Bretaña, Robert G. Watson.
El culí fue devuelto a solicitud del capitán del barco peruano, quien prometió no tomar represalia contra él. Sin embargo, una vez a bordo del barco el fugitivo fue castigado cortándole la trenza, lo que para los chinos constituye un atentado contra su dignidad. Este hecho motivó a que Watson se dirigiera a la embarcación peruana donde constató el maltrato que sufrían los chinos, muchos de ellos víctimas de secuestro, quienes recibían azotes frecuentes y que además no eran alimentados adecuadamente.
El encargado de negocios británico alertó a las autoridades japonesas sobre los maltratos sufridos por los culíes chinos y pidió que se iniciaran las investigaciones correspondientes.
El barco peruano fue detenido, y Herrera enjuiciado por las autoridades japonesas. Al término del juicio, el capitán Herrera fue declarado culpable y obligado a dejar Yokohama sin los chinos, quienes fueron recogidos por un representante de su país y posteriormente retornaron a su tierra natal.