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Una enseñanza de vida
¿Aprender a bailar huayno a los 87 años? Pareciera imposible, pero lecciones de perseverancia como ésta son las que nos dejó don Ginyu Igei (Okinawa, Japón, 1908 - Lima, 2005), en cuyo homenaje se ha inaugurado una muestra fotográfica en el Museo de la Inmigración Japonesa al Perú.
Vale la pena visitarla y recordar a este gran maestro. Su experiencia de vida, sin duda, es un legado y un libro abierto, del que podemos sacar siempre muchas enseñanzas. Conozcamos algo más de Igei sensei en la siguiente reseña biográfica.
Ginyu Igei: Una enseñanza de vida
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Ginyu Igei nació el 11 de octubre de 1908 en el sector de Kanna del pueblo de Kin, en la región de Kunigami, prefectura de Okinawa. Sus padres fueron Ginjiro y Kama y siendo él el mayor de seis hermanos, tuvo que alternar los estudios con ayudar a su familia en las tareas agrícolas.
Al egresar en 1929 como docente de la Escuela Normal de Okinawa, enseñó en la Escuela Primaria de Kin, su pueblo natal. Allí conoció a su esposa Chiyo, quien también ejercía la docencia, ella era nacida en Hawai y sus padres eran oriundos de la misma prefectura.
En 1934, Ginyu viaja al Perú con su esposa, invitado por las autoridades de la Asociación Japonesa de Chancay para ejercer el cargo de subdirector de la Escuela Chancay Nikko. En 1937 es nombrado director de la escuela Nanko Gakuen en la Hacienda Gallinazos (Carabayllo). En esa época hubo un inesperado hecho: su esposa fallece y tuvo la firme decisión de salir adelante con sus tres hijos.
A consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, tiempo en el que se prohíbe la enseñanza del idioma japonés, don Ginyu Igei debe dedicarse al cultivo de frutas, pero después de concluido el conflicto retoma la enseñanza de manera clandestina en su escuela Igei Gakuen. Posteriormente, junto con unos socios peruanos, se dedicó a la reparación y venta de pianos usados.
Cabe resaltar que ante la falta de material didáctico Igei sensei elaboró sus propios libros de enseñanza de idioma japonés, y ante la dificultad económica de algunos padres que no podían pagar las pensiones, él cubría el pago de los profesores con ingresos obtenidos de sus actividades agrícolas.
Su segunda esposa, Chiyeko, nisei hawaiana, descendiente de Kin, llega en el año 1950 desde Hawai. Con ella tuvo un hijo. En 1966 cumple su sueño de retornar a su tierra natal, Okinawa, luego de 32 años de ausencia, junto con su esposa Chiyeko. En 1965 ambos adquieren la nacionalidad peruana.
En su faceta de dirigente, asumió el máximo cargo en varias instituciones nikkei: presidente de la Asociación Fraternal Okinawense (actual Asociación Okinawense del Perú) en 1968. Posteriormente, en 1974, fue elegido presidente de la Sociedad Central Japonesa (actual Asociación Peruano Japonesa). En su gestión, la institución rectora de la colectividad peruano Japonesa donó el Jardín Japonés del Parque de la Exposición a la ciudad de Lima, el cual fue inaugurado en el marco del centenario de las relaciones diplomáticas entre Perú y Japón.
Asimismo, asumió la presidencia de la Asociación de Condecorados, Asociación Urasenke del Perú y de la Fundación Cultural Nikkei del Perú, fue uno de los cuatro vicepresidentes de la Comisión Conmemorativa del Centenario de la Inmigración Japonesa al Perú y, representando a los issei, plantó un pino recordatorio en presencia de la princesa Sayako, y como consejero de APJ participaba regularmente de las reuniones y actividades.
Una de las cualidades más conocidas de don Ginyu Igei era su alegría, además de sus ganas de vivir, muchos lo recuerdan bailando kachashi, una alegre música okinawense, en las reuniones e invitando a los demás asistentes a unírsele.
También podemos mencionar su decisión, a los 87 años, de unirse al Taller Camino a la Felicidad para aprender a pintar y donde se graduó dos años después. Además, también a esa edad aprende a bailar huayno y a tocar charango.
La vida de Ginyu Igei es una historia llena de experiencias, donde se puede percibir el espíritu de lucha, el deseo de superación y el orgullo propio del inmigrante que jamás bajó los brazos.

Cabe resaltar que ante la falta de material didáctico Igei sensei elaboró sus propios libros de enseñanza de idioma japonés, y ante la dificultad económica de algunos padres que no podían pagar las pensiones, él cubría el pago de los profesores con ingresos obtenidos de sus actividades agrícolas.
Una de las cualidades más conocidas de don Ginyu Igei era su alegría, además de sus ganas de vivir, muchos lo recuerdan bailando kachashi, una alegre música okinawense, en las reuniones e invitando a los demás asistentes a unírsele.