La comunidad peruano japonesa después de la Segunda Guerra Mundial

post guerraDespués de finalizada la Segunda Guerra Mundial, muchos de los issei desisten de la idea del retorno a su país. Esta decisión se da por la difícil situación en la que se encontraba Japón después del conflicto armado, también porque muchos de los inmigrantes, a pesar de los duros inicios, se habían acostumbrado a vivir en el Perú y porque pensaron que era lo mejor para sus hijos construir un futuro permanecer en este país.

La colectividad peruano japonesa reinició sus actividades en 1946 con una velada artística por el Día de la Madre. Posteriormente, se daría la creación o el resurgimiento de asociaciones prefecturales, deportivas y sociales al interior de la comunidad nikkei.

A finales de la década del '40 aparecen nuevos medios de prensa de la colonia japonesa, el primero de ellos el diario Perú Shimpo apareció en 1948 en edición bilingüe. Posteriormente se publicaron en 1953 y 1954, respectivamente, las revistas Sakura y Nikko, editadas en castellano. A estas publicaciones le siguió la revista Juventud Nissei de Huancayo que salió a la luz en 1956.

En lo referente a la educación podemos mencionar que en la época de la posguerra existían 3 centros educativos de la colonia japonesa, pero a diferencia de las escuelas de la preguerra los niños recibían fundamentalmente una educación como peruanos, a pesar de que algunas de las horas de clases eran destinadas a la enseñanza del idioma japonés. A pesar de la existencia de estas escuelas la gran mayoría de descendientes de japoneses asistió a escuelas nacionales perdiéndose el uso del idioma japonés.

El hecho de asistir a colegios nacionales y compartir con personas fuera del círculo nikkei contribuyó a que los nisei se incorporaran a la sociedad peruana llegando a destacar en distintos campos, por ejemplo en las artes plásticas, Venancio Shinki y Eduardo Tokeshi; literatura y poesía, José Watanabe y Doris Moromisato; deportes, Teófilo Toda y Olga Azato, por mencionar algunos.

Un hecho importante que podemos mencionar en este período es el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Perú y Japón a raíz de la Firma del Tratado de Paz de San Francisco firmado el 8 de setiembre de 1951.

Posteriormente, en 1954 se dio una ley para devolver los bienes y capitales confiscados a los japoneses durante la guerra; y en 1958 se permitió el ingreso de nuevos inmigrantes japoneses, pero sólo en el caso que fueran familiares directos de residentes en el Perú.

En 1965 el gobierno peruano concedió a la colonia japonesa un terreno en compensación por las escuelas expropiadas durante el tiempo de la guerra. En ese terreno se construyó el Centro Cultural Peruano Japonés, el cual fue inaugurado el 12 de mayo de 1967, con la presencia de los entonces príncipes herederos del Japón, Akihito y Michiko y del presidente Fernando Belaúnde.

En las décadas recientes las relaciones entre ambos países se han fortalecido podemos mencionar como ejemplos que en 1989, año en que se celebraba el nonagésimo aniversario de la inmigración japonesa al Perú, el gobierno del dr. Alan García instauró mediante un decreto Ley el 3 de abril, fecha del arribo de los primeros inmigrantes, como el Día de la Amistad Peruano Japonesa.

También podemos mencionar el Monumento a la Amistad, un puente que representa la amistad entre el Perú y Japón, y cuya inauguración contó con la presencia de la princesa Sayako. Esta evento se dio en el marco de las celebraciones del Centenario de la Inmigración Japonesa al Perú realizadas en 1999.

El fenómeno dekasegi
En la década de 80 el Japón realizó una revisión en la ley de migraciones permitiendo la entrada a los descendientes de japoneses latinoamericanos debido a la escasez de mano de obra para realizar tareas de las llamadas 3K, kitanai (sucio), kitsui (tedioso) y kiken (peligroso).

El Perú en esos años enfrentaba una grave crisis económica y social producto del terrorismo, el desempleo y la creciente inflación, por lo que muchos nikkei peruanos emigraron al Japón huyendo de la pobreza y la falta de oportunidades tal como habían hecho sus ancestros casi un siglo antes.

La emigración al Japón tuvo su auge en la década de los 90, teniendo un impacto al interior de las instituciones nikkei, ya fueran deportivas, educativas u organizativas ya que buena parte de sus asociados emigraron.

En la actualidad, aunque muchos de los dekasegi, consiguieron ahorrar y regresar al Perú, el proceso de emigración al Japón continúa.


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