Fernando Iwasaki y el bien esquivo

Fernando IwasakiAl parecer, la vida para un escritor es igual de dura así esté en Lima, Barcelona, Buenos Aires, Trujillo o Sevilla. Fernando Iwasaki Cauti (Lima, 1961) se levanta a las siete de la mañana, lleva a sus hijos al colegio, entra a trabajar a la Fundación Cristina Heeren a las nueve y sale a las ocho de la noche.

Salió de Lima hace quince años y desde entonces radica en Sevilla de la misma forma que en Lima: a caballo entre un trabajo y otro mientras mira de reojo su cartel de escritor.

-Tengo tres columnas semanales en el diario ABC, dirijo el aula de cultura del mismo diario y un espacio de opinión en un noticiero, tres veces por semana a las doce de la noche. Todo ello supone poco tiempo para la creación literaria y menos tiempo para mi propia familia.

Desde el primer momento en que respondió al correo electrónico, Fernando me aclara una cosa.

-Que nadie se engañe, no soy un escritor profesional porque no vivo de mis libros. En España solo Arturo Pérez Reverte y Antonio Gala viven de los derechos de autor provenientes de las ventas. La mayoría de los escritores españoles viven en realidad de las colaboraciones en prensa, radio y revistas, de las conferencias y de alguno que otro cachuelo literario.

Está claro, el mito de que España es la meca de los escritores es una ficción más.

-Sin duda es más estimulante y sencillo que en un medio como el peruano pero tampoco ha sido llegar y besar el santo. En mi caso, aunque vivo en Sevilla desde 1989, no ha sido hasta el 2001 cuando se ha comenzado a hablar algo más de mis libros.

¿Entonces para qué cruzar el hemisferio?, ¿por qué arriesgarse tanto?

-Mucha gente ignora que mi esposa es sevillana y que decidimos vivir aquí porque era la opción más razonable. Mis comienzos en Sevilla fueron muy duros, escribiendo gratis para distintos periódicos, dictando clases en la Universidad de Sevilla por un sueldo testimonial y con una hija de un año.

Cuando me di cuenta que nunca me iban a convalidar los títulos peruanos a pesar de haber terminado el doctorado, decidí dejar la enseñanza y probar suerte en la gestión cultural. Fue cuando San Telmo me dio la oportunidad de formarme en Nueva York y ampliar mi horizonte profesional. Mientras tanto nunca dejé de colaborar en periódicos y de publicar libros de cuentos que casi siempre pasaban desapercibidos.

Y en todo ese tiempo el trabajo no ha cesado.

-Teniendo en cuenta que los noticieros son a las doce y que debo escribir tres artículos semanales, tampoco se puede decir que vaya sobrado de tiempo. Mi fantasía sería vivir de los alrededores de la escritura: dejar la gestión cultural y colaborar solamente en prensa para tener tiempo de escribir cuentos y novelas. Pero soy padre de familia a plazo fijo y tengo una hipoteca numerosa así que no me hago ilusiones.

Repito mi pregunta entonces, ¿por qué el cambio?

-En Lima tenía un puesto en la Universidad Católica y otro en la Universidad de Pacífico pero con ambos trabajos apenas me alcanzaba para pagar los 100 dólares que costaba mi alquiler mensual. Ya nadie se acuerda de aquellos años tan duros que vivimos pero yo sí, por eso pienso que no perdí mucho yéndome.

Fernando Iwasaki tiene libros publicados en Lima, Barcelona, Madrid y Sevilla, sin embargo nos aclara que en cada ciudad la literatura se vive con matices diferentes.

-España tiene una industria editorial fuerte, es lo que falta en nuestros países. Editoriales, librerías, agentes, contratos, colaboraciones, becas y todo lo que sí encuentras en Estados Unidos, México, España o Francia. En España la condición de escritor es más respetada que en países como el nuestro. Autores peruanos como Jaime Bayly, Jorge Eduardo Benavides y Santiago Roncagliolo están muy bien considerados.

Yo vivo en Sevilla y llevo una vida más recogida y provinciana. Benavides y Roncagliolo sí están en Madrid que es donde se toman las decisiones importantes. Ellos representan la literatura peruana mejor que yo.

Sin embargo, la literatura de Fernando Iwasaki no deja de llamar la atención en Lima por la flexibilidad con que se leen sus libros de cuentos que parecen ensayo, que tienen mucho de historia, que saben a novela y que navegan entre la ficción pura y la crónica con humor, belleza, erotismo y, últimamente, terror.

-Mi obra se conforma con ser notas a pie de página de los grandes libros que he leído, y no pretendo más que darle alegrías a mi familia y a mis amigos. Mis libros me sirven para vivir las vidas que nunca voy a vivir (entre otras cosas porque la vida es una sola y además muy corta). Nuestro destino es el olvido, lo demás es vanidad.

Su último libro, “Ajuar Funerario”, supone una vuelta a un género tildado de infantil o juvenil pero que es sobre todo clásico.

-"Ajuar funerario" es un homenaje a la literatura de terror, tanto oral como escrita, pues mi libro le debe tanto a Lovecraft como a la Casa Matusita. Jamás lo habría escrito sin haber leído a Quiroga, Borges, Lovecraft, Poe, Cortázar, Stocker y Hoffmann, entre otros.

No podemos ver a Fernando por correo electrónico pero entendemos que con el horario que tiene, a estas alturas de la entrevista ya debe estar agotado de responder a nuestras preguntas. Aún así, él dice estar complacido con la creación de su página web que nos ha permitido contactarlo.

-Para mí es un recurso fundamental. Nunca me habían traducido e invitado tanto a universidades tan diversas hasta que no colgué mi web hace unos tres años. La traducción al ruso de mi novela "Libro de mal amor" se decidió gracias a la web y mis editores italianos hacen enlaces desde sus portales hasta mi página. A todo el mundo le recomendaría construirse una página porque la existencia virtual a veces es más eficaz que la real.

¿Y qué les dices a los jóvenes escritores que te escriben?

-A los jóvenes les digo que la juventud se quita con el tiempo. Ah, y que no hay que dejar de leer. Que no teman equivocarse y que el peor error es la autocomplacencia, creer que el cielo está al alcance de tus manos y echarte a dormir. Mi consejo más honesto es este: quien no hace nada jamás se va a equivocar, pero es mejor equivocarse haciendo algo.

(Fuente: revista virtual Décimo Círculo, setiembre 2004. Entrevista vía e-mail de Javier García Wongkit)


Servicios